por Manuel Moreno Fraginals

Impresiones de Manuel Moreno Fraginals, entonces becario del Colegio de México, durante el VII Congreso Nacional de Historia, celebrado en Guanajuato del 16 al 22 de septiembre de 1945, pocos días después de su llegada a México

Colegio de México.- Oct. 1945 

Advertencia 

Cuando hicimos este Diario, quisimos ante todo ser sinceros. Pudimos haber tomado notas durante nuestra estancia en Querétaro y Guanajuato, para elaborarlas después en bibliotecas y archivos, llenándolo, con largas descripciones de sucesos históricos, y datos estadísticos, empeñados en esta forma de un trabajo de erudito. Pero entonces, esto no hubiese sido un Diario, ya que carecería de su elemento esencial: sinceridad.

Por ello, preferimos escribir cada noche lo que vimos y sentimos en el día. Nuestra labor posterior, consistió en pulir los defectos del lenguaje, a grosso modo, y rectificar determinados nombres que no recordábamos en el momento en que lo redactábamos.

Las diferencias entre el lenguaje usado, unas veces desbordantemente literario (cursi), a veces irónico burlesco, a momentos desconectado e indeciso; no responde más que a los diversos estados emocionales captados al instante.

Hubiéramos podido darle unidad a este trabajo. Hacer un todo de lenguaje e ideas, poner respuesta a las interrogaciones que nos hicimos, muchas de las cuales hemos dilucidado posteriormente, hacer grandes descripciones de monumentos artísticos, llenándolas de nombres y fechas en un alarde de erudición, dar por conocidos al detalle, los principales acontecimientos históricos sucedidos en los lugares que visitamos, y presentar así un Diario pulido y acabado, con las virtudes que tal tipo de estudio pudiera tener.

Pero, hubiera perdido este trabajo, el carácter que en nuestra opinión, debe tener un Diario, y la sinceridad de sus páginas escritas de corrido, aún bajo el influjo emocional de los sucesos. Por eso, lo dejamos casi intacto, y sin miedo a poner al descubierto nuestra ignorancia sobre muchos puntos de la Historia de este gran país.

Quizás, si nuestra única pretensión es dar a conocer a los maestros del Colegio de México, lo que soy y como he pensado y he actuado en estos días, en que gracias a ellos pude concurrir al Congreso de Historia.

Un viaje supone siempre un sentir de nuevas emociones. Emociones que nacen con los sueños de lo que se ha de ver, y que se plasman en toda su intensidad ante el paisaje mismo. Y si a ese viaje, va unido, una actividad intelectual a realizar —investigación histórica— ambos incentivos, llenan por completo todos los deseos y se espera ansioso la partida.

Una tarjeta escueta, abrió para nosotros la emoción del viaje, al Congreso de Historia, gracias a la ayuda del Colegio de México.

Se acredita al señor Manuel Moreno Fraginals como miembro adherente en la VII Reunión del Congreso Mexicano de Historia.
Después, … la partida.

Día 12 de septiembre 

La partida; complejo psicológico, que provoca la alegría de lo que realizamos y el dolor de lo que no podemos lograr a medida con nuestros sueños. Pero la emoción del viaje, y el deseo de hurgar los nuevos horizontes, hacen borrar de nuestras mentes los viejos pensamientos, y dirigimos ávidos, los ojos al paisaje que se abre ante nosotros.

México es para el extranjero, una de esas extraordinarias regiones, en donde lo inesperado, lo sorprendente, hace su aparición para maravillarnos, detrás de la curva que describe el tren, más allá de la loma insignificante, o al fondo de los árboles frondosos.

Por ello no perdemos de vista el horizonte. Lentamente, vamos dejando atrás, primero, la gran ciudad, luego los pequeños poblados. Teoloyucán, con su torre barroca, proyectada sobre el verde de la montaña, Cuatitlán, Huehuetoca… En lontananza, montañas, y la altiplanicie que se funde a momentos con el cielo.

En una parada, contemplamos un terreno árido, suelo de piedra y cactus, y sobre un pequeño promontorio, un indio que quizás no fuese mayor de cinco años. Paisaje y niño se fundían y no podríamos decir donde comenzaba y terminaba el uno, hasta donde era piedra y donde humanidad. Creo que en ningún lugar como México, se funden con mayor armonía lo físico y lo humano. El hombre triste de la altiplanicie, con sus cantos tristes y sus tardes grises. El hombre de los llanos del norte, con su ganado, y sus canciones con ritmo de trote de caballo sobre los caminos. El hombre ardiente de las costas cálidas.

Alguien, comentaba la cara inexpresiva del indito. Falta de comprensión. ¿No expresaba acaso aquel rostro, la aridez del paisaje, la tristeza de los siglos de explotación y el asombro de un pueblo que aún no ha comprendido a los nuevos hombres y a los nuevos dioses?

Mientras, otros indios (sarapes llamativos y rostros herméticos) ofrecían sus tortillas, panes y baratijas desde el andén de la estación.

Otra vez en marcha y nuevos paisajes. Conos perfectos de antiguos volcanes, y cañones entre las piedras por donde corre el río. El tiempo transcurre y se entablan largas conversaciones con los compañeros del viaje. Desmintiendo la teoría de la tristeza del mexicano, se gastan bromas a costa de los congresistas; al Lic. Don Antonio Pompa y Pompa, se le llama “bi-Pompa”, “re-Pompa”, y “Pompón”; y se adopta al Maestro Agustín Yánez, como “papá Yánez”.

Nos acercamos a Querétaro. Dando muestras de una perfecta organización, una estación antes de la ciudad, sube al tren la comisión organizadora, y al llegar al pueblo, ya sabemos donde estaremos hospedados. Después, la llegada a Querétaro, donde como acto inicial se nos brinda un magnífico banquete (comida larga y discursos cortos), dentro de un ambiente amable, cordial, casi familiar.

Un paseo por una ciudad desconocida, tiene algo de descubrimiento. Y así, después de la magnífica comida, salimos a descubrir la ciudad de Querétaro. Paseamos por sus calles: nuestra vista persigue en lo artístico, la hermosa cornisa, los balcones de extraños labrados, los restos de antiguos escudos, las grandes iglesias, el precioso altar de Churriguera. Y en lo humano, las costumbres del pueblo, el reflejo de sus condiciones económicas, los tipos raciales… Mientras vivimos el presente, hacemos retornar el pasado a nuestra mente, al pasar frente al palacio que Tres Guerras construyera para el Marqués de la Villa del Villar del Águila, y más tarde delante del Convento de Santa Clara, donde estuviera presa la Corregidora.

Y así llega la noche.
•••

El Gobierno del Estado, y sub-comité organizador del VII Congreso Mexicano de Historia, tiene el placer de invitar a Ud., a la velada, que, como homenaje a los Ciudadanos Delegados a dicho Congreso, tendrá lugar el 12 del presente mes, a partir de las veinte y una horas en el Museo Regional de esta Ciudad.

Un acto de recepción en un pueblo de provincia, consta inevitablemente de tres partes. Primero: palabras emocionadas del gobernador o alcalde, que nos habla “del alto honor de esta modesta Ciudad, al recibir a tan notables huéspedes”. Después, las imprescindibles frases de agradecimiento por parte del representante de los huéspedes. Y finalmente una serie de actos artísticos, entre los que descuella el poeta o la poetisa pueblerina, que con su gran melena —restos del romanticismo decadente—; su último vestido negro, nos lanza, sin compasión alguna, “sus últimos poemas”.

En Querétaro, bajo la arcada maravillosa del antiguo Convento de San Francisco, en cuyos corredores parecen meditar aún los frailes diezochescos, tuvo lugar la recepción.

La primera parte, estuvo a cargo del gobernador del Estado, Lic. Don Agapito Pozo. Después, el Lic. Don Antonio Pompa y Pompa, desarrolló el tema de la “Dinámica de la Independencia”. Habló de las dimensiones históricas y de una cuarta dimensión.

La Srta. Margarita Mondragón —inevitable—, nos recitó sus ultimas poesías. El “Poema de la Vida Sencilla” y el “Poema del Naranjo en Flor”. Los títulos hablan por sí solos. “Quiero un naranjo florido, perfumado de todas las fragancias, tener una casita llena de amor, y un corderito, y un amante, etc. etc.”

El comentario perfecto lo realizó el maestro Yánez: “Como “se manda” esa mujer”.

La situación la salva luego, el tenor Enrique Herrera Vega, voz estupenda y cara de niño, que nos canta, “Recóndita Armonía” y una hermosa canción napolitana de Tagliaferri. Aprovechándose del ambiente, melodía napolitana, y casona colonial, un compañero nuestro, licenciado, recita al oído de una queretana,

Queretana, queretana querendona, Que adherida a tus cristales
Y detrás de la ventana…

Y el maestro Carreño, lo mira y sonríe.

Después nuevas piezas musicales, aplausos y fin de la fiesta. En tesis general, fué un acto sincero, sin pretensiones y magníficamente logrado.

Mientras el público, se retiraba del acto, paseé con un amigo del Colegio por el amplio Convento de San Francisco. La noche llenaba de quietud el amplio edificio y en sus sombreados corredores sentimos revivir a momentos las muertas escenas de siglos pasados. Miramos una a una sus amplias celdas, el enorme comedor, obra magnífica de sencillez y gusto, el segundo patio con su típica fuente central y sus bellas arcadas, lugar de meditación y rezo de los franciscanos.

Ante la magnitud de los edificios religiosos queretanos no pude menos que tornar a meditar, tal como me sucedió en Puebla y México, sobre el enorme poder económico de la iglesia. Pregunté si se había escrito algo sobre los fundamentos económicos de la dominación religiosa en México y no obtuve respuesta. Quizás si esta tesis sería la que con mayor gusto estudiase.

Salimos del Convento. Mientras la ciudad dormía, paseamos por sus calles empedradas y rectas. El pasado era presente, bajo la mirada silenciosa de la noche.

Y así, imaginamos ver, el sereno —sombrero de tres picos, pantalón ajustado y en la mano la lanza y el farol— con su paso cansado y somnoliento, deteniéndose y gritando: —las doce y serenooo…!

Y por otras empedradas callejuelas, la sombra del cura Hidalgo, el negro sombrero redondo, hundido casi hasta los verdes ojos y el paso lento.

Las campanas de la Iglesia de Santa Clara, nos vuelven de nuevo a nuestro siglo, y emprendemos el retorno a la casa.

Día 13 de septiembre 

En la mañana, salimos a contemplar la ciudad. Y fuimos penetrando en sus principales edificios, admirando sus imponentes interiores y sus patios magníficos, las iglesias que se yerguen al doblar de cada calle…

Quise comprender algo del pasado de Querétaro, a través de la piedra de sus construcciones.

En Cuba había intentado algo de esto. Recuerdo como la Habana, refleja a través de su pobre arquitectura colonial, su historia de plaza fuerte y tierra de paso. Castillos que se levantan en cada punto de la costa de posible invasión, y hacia el interior, nuevas fortalezas, casi inexpugnables en su época, en todo lugar de importancia militar. Eramos la ciudad más fortificada de América, y la más atrasada y plagada de vicios.

En Querétaro, trato de indagar el fundamento de esta enorme riqueza que se refleja en sus construcciones coloniales. Abrumo a mis compañeros de preguntas, ¿Cuál fué la causa de esa enorme prosperidad económica? ¿Región minera? ¿Agrícola? ¿Centro de cruce de todos los caminos del bajío?…

Quedo satisfecho con determinadas respuestas, pero otras solo hacen acrecentar la duda. Recuerdo haber leido en la obra del Barón de Humboldt que Querétaro tenía en 1 800, una población de 35000 habitantes; hoy tiene 40000. ¿Por qué ha permanecido casi estacionaria la población? ¿Se agotaron las antiguas fuentes de riqueza? ¿En qué forma modificaron los procesos revolucionarios este estado de cosas?

Y sin abandonar estos pensamientos veo que en todo lo recorrido en la tarde de ayer y mañana de hoy, no he visto una sola industria de importancia. En una casa hacían sarapes con métodos elementalísimos incapaces de crear riquezas. La industria alfarera, si la hay, por las muestras que he visto en los mercados, debe hallarse en las mismas condiciones rudimentarias. He atravesado la ciudad de un extremo a otro y sólo he visto una construcción nueva, que resultó ser obra de reformas, de una residencia neoclásica de Tres Guerras.

Los conventos e iglesias, con magníficas obras de arte, aparecen en un abandono lastimoso. El ambiente humano refleja un estado que no está en consonancia con la riqueza arquitectónica. Nos hallamos, sin duda alguna, ante una ciudad que ha decaído notablemente.

Al pasar frente al convento de Santa Clara, termino mis disquisiciones, y nos detenemos a contemplar sus maravillosos altares churriguerescos. Después, seguimos nuestro recorrido, San Agustín, extraordinaria iglesia barroca, en cuyo interior se sustituyeron los altares de churriguera, por las frías edificaciones neoclásicas. El edificio del Convento de San Agustín, que está ocupado hoy por el palacio Federal, ofrece a mi vista el raro contraste de una construcción religiosa, cuya decoración es totalmente pagana.

Rápidamente seguimos nuestro recorrido y contemplamos las iglesias de Santa Rosa, San Felipe Neri, Santo Domingo, la “casa de los perros”… Y cuando terminamos el paseo, me retiro, satisfecho de haber podido mirar una hermosa ciudad colonial, pero molesto de esa visita a los edificios, hecha a pasos rápidos y con superficialidad, a manera de turista norteamericano.

A la tarde visita al Pueblito, con rápido paseo por su bello convento. Nos sirve dentro del mismo un padre animado de los mejores deseos, y del mayor desconocimiento de todo lo artístico. Oímos, llenos de paciencia, sus historias acerca del Convento y milagro de imágenes. A la salida, una anciana pide limosnas, y entra en la iglesia a depositar las monedas obtenidas en las grandes alcancías. El padre, la mira satisfecho, exhibe una sonrisa en su cara redonda, y posa sus manos sobre el vientre, que la buena comida y la mejor ociosidad, aumentan día a día.

Entre indignados por lo humano, y asombrados por lo artístico, retornamos a Querétaro, visitando antes el Cerro de La Campanas con su pequeño museo, y emprendemos, rápido, la vuelta a la estación.

En el andén, los vendedores mezclan las finas piedras de ópalo y aguas marinas con cristales tallados, en busca de compradores ingenuos. Y aún el tren en marcha, nos ofrecen sus productos corriendo al par junto a las ventanillas del tren.

Sonreímos y miramos al horizonte. Atrás queda Querétaro sumido en las primeras sombras del crepúsculo, con sus calles empedradas y rectas, en donde comienzan a surgir las primeras luces desafiando la noche. Pueblo señorial, donde las piedras de las casas han visto rodar los siglos por sus calles, y aun se alzan severas. Sus gentes, abiertas, hospitalarias, amigas, agitan sus pañuelos desde el andén, y luego se retiran lentamente. A la tarde noche, pasearán por el parque, comentarán la invasión de los historiadores, y seguirán rumiando, monótonamente su vida pequeña.

Día 14 de septiembre 

Una visita a una ciudad, tiene algo de encuentro con una persona. Pero si se llega en plena madrugada, penetrando por sus calles oscuras y desiertas, con sus casas cerradas, sumidas aún en la quietud del sueño… entonces la visita, más que visita, parece un asalto. Y llenos de complejos subconscientes, aminoramos el ruido dedo de nuestros pasas, bajamos el tono de nuestra voz, y nos contagiamos con el ambiente somnoliento.

Y así fué como llegamos a Guanajuato. Asaltamos la Universidad, y montados todos de nuevo en camiones, recorrimos el intrincado laberinto de callejones guanajuatenses, para ir a la penitenciaría de menores, en donde fuimos hospedados. En un largo corredor, unas cién camas, ventanas con cristales rotos, por donde penetra un aire frío. Hay grandes protestas, y un señor a mi lado, pasa la noche rezando el rosario. Pero el cansancio es demasiado intenso para meditar u observar.

A la mañana, apenas tenemos tiempo de mirar la ciudad que parece deslizarse por las montañas, y caer en la cañada. Problemas de hospedaje y solución de asuntos materiales ocupan todo el tiempo. La tarde transcurre en la biblioteca de la Universidad, donde ayudo a un amigo a rectificar las citas de un trabajo que presentará al congreso.

A la noche se presenta la primera oportunidad, ya libres de trabajo, de pasear por los callejones de Guanajuato. Y emprendemos la subida al Pípila; atravesando las estrechas callejuelas que se cruzan y entrecruzan, formando un incomprensible laberinto. En el camino, pensamos en las riquezas de antaño, y en las guerras de Insurrección, que la llevaron a la ruina de la cual aún no se ha podido levantar totalmente.

Hemos llegado al Pípila. La ciudad se contempla en lo hondo del Valle: a la espalda y al frente montañas, y en lo alto dominando la ciudad, el Pípila.

Del monumento que está ante nosotros, sólo podemos decir que es grande. Pertenece a ese grupo de obras, que como la estatua de la Libertad, sólo son admirables por su tamaño. Responden a ese estado mental, que se advierte en determinadas clases poco cultivadas, y que se pudiera definir como “obsesión por el tamaño”.

Desciendo por el mismo camino y vuelvo a mi nuevo hospedaje, ahora en el Hotel San Antonio.

Día 15 de septiembre 

He conversado en la mañana con un campesino, que debe tener sus siembras en un lugar cercano a la ciudad; se quejaba en forma terrible de la sequía que está azotando estos campos, y pedía a Dios que lloviera. No quise intervenir en sus creencias, pero pensé, que sería más práctico estudiar un buen sistema de regadío.

Esta sequía, por otra parte, ha sido bastante general. En el camino he visto los campos de maíz, arruinados por la falta de agua, y he notado también la escasez de árboles. ¿Habrá sido modificado el régimen de las lluvias por la despoblación forestal? En Cuba ha sucedido así, en determinadas regiones.

Traté de indagar más acerca de los problemas campesinos, pero con la parquedad característica del indio, me respondió en monosílabos cortantes, Sonreí y salí a la calle.

Extrañado por la gran cantidad de peleterías, indago, y me informan que una de las principales fuentes de vida de la ciudad está en la industria del calzado.

Ya al final de la única calle recta que hay en todo Guanajuato, encuentro el edificio del mercado. Aunque bastante malo ornamentalmente, responde en forma perfecta a su función práctica. Buen sistema de desagüe, para su mantenimiento en estado del limpieza; techo abovedado, que elimina las columnas interiores, permitiendo buena ventilación y luz. Algo pequeño para las necesidades de la ciudad, obliga a establecerse a muchos vendedores en las afueras del mismo.

Frente al mercado, una de las muchas iglesias de la ciudad. Esta es la tercera que vemos, y al igual que las anteriores, nos decepciona, no sé la causa, pero las construcciones guanajatenses, me parecen muy inferiores a todo lo que ví en Querétaro. Si la ciudad es admirable por lo original de su emplazamiento y por lo bello de sus calles, que se resuelven en estrechos callejones, artísticamente aún no he encontrado nada comparable a la arquitectura queretana.

La iglesia de San Diego, con una notable influencia del rococó francés y recargada ornamentación, no me pareció de acuerdo con el típico buen gusto del churriguera mexicano. Además contribuían a aumentar el mal efecto, la desagradable pintura rosada, dada en la fachada, sobre la verde cantera de Guanajuato, y un zócalo imitando tezontle todo alrededor.

En el interior, los fríos altares neoclásicos, en uno de los cuales, una imagen de rostro triste, parece protestar de los paños rojo sangre y verde fuerte, con que la han vestido.

En la tarde vuelvo de nuevo a la biblioteca donde trabajo hasta llegada la noche. Terminada la labor, pido al bibliotecario algunos libros sobre Guanajuato y los llevo al hotel. No salgo de mi habitación teniendo empeño en conocer alguno de los hechos principales de la historia de la ciudad. Trato de leer las obras y encuentro que la primera “Tradiciones Guanajuatenses”, está en versos, y con un prólogo de Juan de Dios Peza. La cierro para devolverlo al día siguiente. La segunda de las obras es sobre la insurrección de 1810 en Guanajuato, siendo el juicio crítico también del propio Peza. Leo un párrafo al azar, “… cual ágiles golondrinas que en las mañanas sacuden sus alitas entumidas por el frío y mojadas por las gotas del rocío se ponen a volar hacia el azul del cielo… etc. etc.”. Lo devuelto también.

Día 16 de septiembre 

La Universidad de Guanajuato, se complace en invitar a Ud, a la Comida Campestre que en honor del C. Presidente de la República, de los asistentes al VII Congreso Nacional de Historia y del VI Concurso Fraternal, será servida en el Paseo de la Esperanza a las 14 hrs. del día 16 de los corrientes.

Salto de la cama y aún bajo los efectos del sueño, recibo la primera sorpresa al ser convidado por mis compañeros a una “tamalada”. Después me explican que en la comida campestre que se nos dará a los miembros del Congreso, figura como plato esencial, los tamales oaxaqueños. Anoto la nueva palabra para incluirla en mi diccionario de mexicanismos, y subo al camión que nos ha de conducir a la Presa de la Esperanza.

El camino que nos lleva al lugar de la comida, asciende tortuoso la montaña. Hacia abajo, confundidas con el verde de las selvas que las invade, se ven las desiertas haciendas de beneficios, que recuerdan en sus ruinas los antiguos tiempos de esplendor; y los abandonados poblados mineros, de donde surgen aún torres de casi derruidas iglesias, en un alarde de eterno poderío.

Ya a unos 2 700 mts. sobre el nivel del mar, encontramos entre un pequeño, pero hermoso bosque de pinos, la mesa puesta y lista a servir la comida campestre. La tarde en el acto, transcurre velozmente, entre las canciones de los mariachis, las piezas musicales que interpretan las orquestas y los discursos de ritual; todo ante la asistencia del C. Presidente de la República, General Manuel Avila Camacho. El tequila y el cognac abundante, dan un tono peculiar a la comida, en la que abundan las frases mordaces y las bromas de todos los tipos.

Durante el retorno, nos detenemos a ver la maravillosa iglesia de la Valenciana. Quedo sorprendido ante el extraordinario cincelado de los motivos ornamentales de la fachada. En el centro, un águila de dos cabezas que rodea un bello sol, constituyen el eje alrededor del cual se desenvuelven los demás decorados. No creo que en toda la Ciudad de Guanajuato, pueda hallarse ejemplar más acabado de fachada churrigueresca.

Ya en el interior, los retablos respondenna la grandiosidad ornamental externa. El oro de sus grandes altares se conserva intacto, y quizás sea el de mejor calidad que yo he visto en este tipo de construcciones.

Al lado de la iglesia, un enorme patio colonial, se halla en ruinas. En el interior de sus corredores, bajo las antiguas arcadas, ya han nacido hierbas, y muchas de las celdas adyacentes, han perdido el techo. Sin embargo, sobre los pozos, se conservan intactos los bellísimos motivos de hierro. En plena intemperie, dos enormes puertas que envidiarían por sus labrados las mejores casas mexicanas, se pudren lentamente. Es lastimoso ver perderse así, obras de gran valor artístico, que un pequeñísimo esfuerzo podría salvar.

Vista la enorme e interesante construcción religiosa, pasamos la calle y penetramos dentro de la antigua casona de los Condes de la Valenciana. Solo quedan en su ornamentación parte de su antigua riqueza, y como símbolo, la parte superior del escudo que coronara la fachada. Al centro de la casa, un patio colonial típico con su fuente de azulejos, y una puerta al fondo que da acceso a un balcón de finísimos labrados en madera.

Y es que la casa de los Condes de la Valenciana, tiene la característica principal de las construcciones guanajuatenses, que al ser edificadas sobre montañas, pueden tener un solo piso al frente y dos o más al fondo, si es que el suelo desciende o viceversa, si asciende.

Aún no hemos terminado de contemplar el paisaje —verde valle interrumpido por ruinas negras— y emprendemos apresurados el retorno a Guanajuato, en donde la Inauguración del Congreso nos espera.

La Comisión Organizadora de la VII reunión del Congreso Mexicano de Historia, tiene el honor de invitar a Ud y a su familia, a la ceremonia solemne de apertura de sesiones que se llevará a efecto el domingo 16 del corriente mes, a las 20 hs. en la sala de espectáculos del Gran Teatro Juárez, de acuerdo con el programa anexo.

Cuando hablé de las fiestas de recepción de Querétaro, creo que anoté las que a mi entender eran las características esenciales en todo acto en un pueblo de provincia… Y esta sesión inaugural, ni por tratarse de un Congreso de Historia, se salvó de los poetas de larga melena, que superando lo hecho anteriormente acudieron en mayor número, y recitaron sus más largos poemas.

El acto, tuvo lugar en el Gran Teatro Juárez, que por sus características arquitectónicas, merece que nos detengamos a describirlo. Una amplia fachada que dominan simétricamente dos leones. Seis faroles recargados en su ornamentación, y no del mejor gusto, alumbran la amplia escalinata que conduce a un pórtico de un neoclasicismo porfiriano, que no olvida en la parte superior la tradición barroca mexicana. Y unas musas, que careciendo de la sencillez y de la gracia griega, resultan de mucho peor gusto que los grandes faroles de hierro.

Pasado con un poco de susto por semejante fachada, entramos en un bosque de columnas. Y decimos bosque y no exageramos, porque el pequeño salón anterior a la sala de espectáculos, no tendrá más de cuarenta metros cuadrados de superficie, y en su interior aparecen exactamente, diez y seis columnas, grandes, imponentes, y sobre todo totalmente innecesarias desde el punto de vista constructivo. E impropias y casi ridículas ornamentalmente. Y es que el arquitecto parece que olvidó que la ornamentación, jamás debe de alterar las características funcionales del edificio.

Pero aún no había visto lo más sorprendente. Y es que al penetrar en el salón de actos, encontré nada menos que una mezquita árabe convertida en teatro. Pero una mezquita árabe, naturalmente, sin el buen gusto de los artistas musulmanes, y con un colorido, capaz de hacer reaccionar desagradablemente al ser de menor sentido cromático que exista.

Aunque el ambiente no era el más propicio, el acto prometía ser brillante y en realidad lo fue. Abrió la sesión el Prof. Chávez Orozco, quién como presidente de la comisión organizadora, dijo el discurso inaugural. Después de unas piezas musicales, y la imprescindible poetisa, el Gobernador del Estado, D. Ernesto Hidalgo, nos habló de Spengler, Kant, la Historia y el General D. Manuel Ávila Camacho, en un discurso, en el que no dijo nada o yo no entendí. Un nuevo poeta, nos recita tres poemas suyos que tampoco entiendo. Era algo así, “…si cuando yo aprendí lo que había aprendido, y al aprender aprendí también lo no aprendido, etc., etc.”.

Piezas musicales, nuevo discurso por D. Jaime Torres Bodet, secretario de Educación Pública, y declaratoria de la apertura por el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Manuel Ávila Camacho. Por último, el informe del Lic. Don Antonio Pompa y Pompa, elección de los funcionarios, y fin del acto.

Día 17 de septiembre 

Han comenzado las sesiones del Congreso de historia. Le comunico al Maestro Yánez mi deseo de asistir a la sección de asuntos coloniales, por ser la parte de la historia de este país de la que tengo mayor desconocimiento, y este acepta.

Preside la mesa de la Sección de Historia Colonial, el Prof. Don Alberto María Carreño, de quién acabo de leer recientemente un estudio, sobre los jefes del ejército en 1847. Y actúan como vocales Guillermo Porras con quién he hecho amistad en el Museo Nacional, y el Lic. Aguirre Beltrán, a quién he conocido en el Centro de Estudios Afroamericanos, del cual me hizo miembro. Este último, estaba en sustitución del Lic. José Manuel Quintana, que no había podido asistir.

En la sesión de la mañana, se leyeron cuatro trabajos. El primero de Luz María Frutos, sobre la “Educación Primaria en la Ciudad de México”, me pareció en tesis general bueno, pero incompleto. Muchos aspectos, que creo esenciales, solo se esbozaron, mientras se dedicaban varias páginas a descripciones de colegios que aunque interesantes como dato auxiliar, no constituyen la índole misma del programa. La mas acertada de todas las intervenciones, me pareció se la de Aguirre Beltrán, sobre las limitaciones raciales en la educación.

Después, el Lic. Luis Castañeda Guzmán, nos dio a conocer con su correspondiente interpretación, una serie de “Documentos inéditos para la Historia de la Ciudad de Oaxaca”. El desconocimiento del tema, no me permite un juicio sobre el trabajo. Sin embargo, ante la afirmación de que Oaxaca era la única Ciudad que podía conceder mercedes de tierras, recordé que en unos documentos al respecto publicados por el Boletín del Archivo Nacional, se afirmaba que Córdova, también tenía esa misma facultad. Mi intervención fué corroborada por el Lic. Aguirre Beltrán y por el Dr. Miguel Dominguez, y anotada por el Lic. Castañeda Guzmán.

El tercero de los trabajos presentados, fue el de la Srta. Amelia Monroy Gutiérrez, y trató sobre la “Escuela Rural y Castellanización de los indios en el Siglo XVIII”. Con las mismas características del estudio de la Srta. Luz María Frutos, este nuevo trabajo parecía adolecer de superficialidad en asuntos de extrema importancia, y excesiva extensión en datos de interés secundario. Ante una afirmación demasiado general sobre los procesos culturales, intervine en la polémica.

Por último la Srta. Adela Vazquez Shiaffino, dió lectura a su trabajo sobre “La poesía en la Nueva España. El estudio constaba de tres partes, de las que la autora leyó la referente a Sor Juana Inés de la Cruz. En todo lo leído, no encontré ¡realmente nada nuevo, y si, una versión de las ideas que sobre Sor Juana, ha emitido el eminente crítico mexicano Ermilo Abreu Gómez, pero indudablemente sin la brillantez de su prosa magnífica. Me pareció oportunísima la intervención de Don Francisco de la Maza, con motivo a la sobrestimación que la autora hace de la célebre prueba —que según la tradición— sometieron a Sor Juana cuando niña.

Careciendo el trabajo de los elementos esenciales de un estudio histórico, fué desaprobado.

•••

A la tarde continuamos la interrumpida lectura de trabajos. El primero de ellos, fué el del Lic. Leopoldo Martínez Cosio, titulado, “Notas a la información “in extenso” de Pedro Abarca”. Creo que tanto por el caudal de datos presentados, lo original de sus interpretaciones, como por sus características externas de lenguaje fácil y sugestiva exposición, ha sido el mejor de los estudios presentados en el día de hoy.

Seguidamente, nuestro compañero de estudio, el Lic. Gonzalo Obregón, nos lee su trabajo sobre “José Luis Rodríguez Alconedo, artista e insurgentes”. Con fácil y brillante lenguaje, el compañero Gonzalo Obregon, nos narra los principales hechos de la vida de este notable personaje, aclarando toda una serie de puntos desconocidos totalmente y que el dilucida, gracias a una serie de documentos inéditos que ha encontrado en el Archivo de la Nación, confundidos en los volúmenes de los Indiferentes de Guerra.

Sólo no estuve de acuerdo con el Lic. Obregón en un punto. La afirmación que hace de que Luis Rodríguez Alconedo aprende la técnica de la pintura al pastel en España, ya que en México se había dedicado solo al arte de la platería. Al rebatirle este punto en el Congreso, me basé en el hecho de la breve estancia de Alconedo en España, y que cuando aún no habían transcurrido unos meses de su vuelta a México, produce uno de sus más notables cuadros, que el propio Obregón considera obra maestra en la pintura universal. Por magníficas que sean las cualidades artísticas de un pintor, es imposible casi, llegar en sólo dos años al dominio técnico que se alcanza en el autorretrato hoy existente en el Museo de Puebla.

El Dr. de la Maza, considera acertada mi observación, y recuerda al Lic. Obregón que detrás del cuadro aparece una inscripción que dice, “retrato del celebre cincelador, Don Luis Rodríguez Alconedo, pintado por el mismo. Febrero de 1811”, que señala una fecha anterior a la de su viaje a España.

Después de contestadas las observaciones por el autor se aprueba el trabajo por unanimidad.

La tercera de las tesis leída en esta sesión, fué la del Lic. Aguirre Beltrán, sobre “La composición biológica del pueblo mexicano”. Estamos de nuevo, ante un estudio serio, que agota las fuentes, y presenta aspectos desconocidos de la historia de México. El Maestro Carreño, lo considera como uno de los mejores presentados al Congreso.

Con respecto a una serie de datos sobre las relaciones sexuales de los esclavos, y una conclusión demasiado general a mi parecer, difiero del Lic. Aguirre Beltrán, y baso mis razonamientos en las obras que sobre la Esclavitud en Cuba, han escrito primero José Antonio Saco, y actualmente Don Fernando Ortiz. Recuerdo también una frase de Herskovitz, y por último una nota que aparece en el Diario de Navegación de Cristóbal Colón, en que hace referencia a los esclavistas Portugueses.

Aguirre Beltrán, anota esta última cita, y se aprueba el trabajo.

El último de los trabajos leídos en la tarde, fué el del Lic. Guillermo Porras. Este joven historiador, nos presenta el Diario de Pedro Rivera, un trabajo impreso, del cual él hizo la parte correspondiente a la paleografía, y las notas, escribiendo el prólogo su tío.

Aunque no lo objeté en la sesión, he pensado que dicho trabajo pudo haber dado lugar en el Congreso a fuerte polémica si se hubieran tratado los siguientes puntos. ¿Por qué se admite un trabajo impreso? ¿Si el prólogo es del tío, el trabajo paleográfico carece de importancia, por tratarse de documentos del siglo XVIII, y las notas al texto son simples aclaraciones parecidas a las que en la edición anterior (el diario no estaba inédito) fueron hechas por otro historiador, cuál es en realidad el trabajo del Lic. Porras?

Ya de noche, me retiro al hotel. Un fuerte dolor de cabeza me hace perder la conferencia del Dr. Caso.

•••

Día 18 de septiembre 

Como en el día de ayer, la mañana transcurre en las sesiones de Historia Colonial. El primero de los trabajos de Ernesto Alvarado García, es sobre “Don Gonzalo de Alvarado”, y promueve pocas discusiones. Quizás si la frialdad en la forma de tratar el tema, y las pocas sugerencias que el autor hace fueron las causas que motivaron esa reacción de indiferencia.

Seguidamente, la Sra. María Elena Sodi de Pallares, nos leyó su estudio sobre la Historia del Traje Seglar y del Traje religioso. Como en los casos anteriores, el tiempo de lectura se fijó en veinte minutos, durante los cuales la Sra. de Pallares ofreció toda una serie de datos que yo conocía ya, por haberlos leído casi idénticos, en el último tomo de la Historia de Oncken que trata precisamente sobre la Historia del Traje. Terminada la lectura hice resaltar a la Sra. de Pallares, la coincidencia de ella con Oncken, el hecho de que no hubiese dicho una palabra sobre el traje religioso en México, que según el título de su trabajo, es lo esencial, y por último el error en que yo creo que incurre al titular el trabajo “La Historia del Traje Seglar y Religioso en México”.

Tomada en cuenta por la presidencia, mi objeción acerca de que no había tocado ningún punto acerca del traje religioso en México, y que este era un congreso de Historia de México, pidió a la Sra. de Pallares que leyese la parte del trabajo referente a ello. Es complacida la presidencia, y la nueva lectura, provocó intervenciones de Aguirre Beltrán sobre la influencia que las costumbres negras pudieron tener en los trajes religiosos. Yo personalmente creo que la idea del Lic. Beltrán no es correcta. Y por último, tomada en consideración mi intervención primera sobre el título del trabajo, el maestro Carreño, expresa que el cree que tengo razón y le pide a la ponente que lo cambie por el de Historia del Traje del Clero Secular y del Clero Religioso.

Por pequeño margen en la votación, se aprueba el trabajo.

El tercero de los trabajos leídos, es del Sr. Ernesto Alvarado García, un hondureño, cuya característica más notable parece ser su importante barba. Lee su segundo estudio, ya que anteriormente había leído uno sobre Don Gonzalo de Alvarado. Este es sobre Alonso de Cáceres. En mi opinión, este trabajo padecía de los mismos defectos que el anterior. Frialdad, falta de ideas, gran cantidad de documentos no inéditos, que ocupan casi toda su extensión, y por último, una serie de conclusiones morales, sobre si determinados conquistadores eran buenos y otros eran malos, olvidando que las características morales son las de menor importancia; que es imposible juzgar a los hombres de ayer con tablas de valores éticos actuales; y que por último la conquista y población obedecieron a una serie de determinantes económicos y no a la moralidad de ningún conquistador. Hago notar también que el criterio histórico debe ser amoral, y no susceptible de valoraciones éticas.

Nuevo receso, y a la tarde se reanuda la sesión. Inicia las labores el Dr. Salazar Viniegras, con su trabajo, “Un alienado en la época colonial”. Ante lo novísimo de la tesis presentada por su autor, y lo contradictorio de sus conclusiones con las ideas actualmente sustentadas, se abre una animada discusión. Sólo hubo un punto en que coincidieron las opiniones, y fué la felicitación al autor por la importancia de su trabajo.

El Lic. Porras, lee un trabajo sobre “La orden de los Camilos en México” del Dr. José Castillo Piña, a la que nuestro compañero Obregón, verdadero especialista en estudios religiosos, encuentra defectos apreciables.

Un nuevo trabajo sobre Sor Juana, esta vez leido por la Srta. Susana Uribe, y cuya autora es Josefina Muriel de la Torre es presentado a discusión. Rápidamente se aprueba incluirla en la sub-sección de literatura histórica, que el maestro Carreño ha creado —en mi opinión—, para incluir en ella a todos los trabajos que careciendo de consistencia histórica, no quiere rechazar por bondad inherente a su carácter.

Y se cierra la sesión, con un magnífico trabajo del Lic. Manuel Carrera Stampa, sobre “La Previsión Social en la Nueva España”. Una interesantísima polémica se desarrolla en torno al estudio, pero la ausencia del autor, troncha las ideas y las sugerencias.

•••

Terminada por hoy las sesiones de la mesa de estudios coloniales, salgo de la Universidad para descansar por un momento la mente, de la actividad constante en el estudio histórico. Pero pronto retorno ante la atracción que una conferencia del gran pintor Diego Rivera, ejerce sobre mí.

Tal vez si la única cosa que me ha decepcionado totalmente en México fué esa conferencia de Diego Rivera. El tema a tratar, “La pintura como auxiliar de la historia”, no podía ser más sugerente. Pero el conferencista, o con una ignorancia absoluta del tema que desarrollaba, o con manifiesta idea de burlarse del auditorio (compuesto en su mayoría de individuos dedicados a los estudios histórico), hizo las siguientes afirmaciones. Los frescos griegos revelan el carácter de aquel pueblo. La frase sería perfecta, si existieran frescos griegos. Que, para comprender al pueblo egipcio, hay que estudiar los restos de las antiguas y olvidadas tumbas de los esclavos, no la de los grandes faraones.

Al decir esto, suponemos que Diego Rivera, olvidó totalmente la inexistencia de tumbas de esclavos, y que lo más que ha sido encontrado en el Egipto, son tumbas de determinados funcionarios del estado, como los famosos escribas, etc.

Que si se comparaba la escultura producida en Europa con la americana, el balance quedaba a favor de la americana, Esto me pareció incomprensible. ¿Cómo comparar un monolito azteca o inca, con una obra de Fidias o Praxíteles? Y si se refería a la época moderna, ¿dónde hay en América un Miguel Angel, un Donatello, o un Rodin? El gran Alejadinho, que fuera el más notable escultor americano no llega a la altura de los anteriores. Que en los comienzos de la conquista, se enviaron indios a Italia a las grandes escuelas de pintura y que estos indios, no aprendieron la técnica decadente de Rafael y Miguel Angel, sino que volvieron llenos de la fuerza de Boticelli y Fra Angélico. Esta frase por sí sola, da el cartabón para medir el valor de la conferencia. Primero; la afirmación respecto al envío de indios a Italia, no aparece en ningún documento antiguo, y no se puede establecer sin tal comprobación. Y suponiendo que hubiesen ido, ¿por qué razón habrían de aprender la técnica de los primitivos pintores italianos (a los que nadie hacía caso) y no la técnica fuerte de Miguel Angel y Rafael, que eran los grandes maestros de la época. ¿Y donde queda la afirmación de que Rafael y Miguel Angel eran decadentes?

Que el padre Hidalgo fué uno de los mejores pintores de su época, y que en los museos quedan sus obras, siendo una de las más notables, su autorretrato, pintado frente a un espejo y con un Cristo al fondo.

El resto de la conferencia no la oí. Me levanté indignado y salí a refrescar mi mente por los callejones guanajatenses.

Día 19 de septiembre 

Amanezco enfermo y pierdo lo que me informan que fué el brillantísimo estudio de D. Arnaiz y Freg, enfocando el panorama general de la Historia de México de 1821 a 1845. Pero llego a tiempo para escuchar completo el interesante trabajo sobre la población que lee Alfonso García Ruiz, graduado del Colegio de México. Aunque sin el aporte magnífico de datos que Aguirre Beltrán muestra en su tesis sobre “La composición biológica del pueblo mexicano”, este trabajo de García Ruiz, sobre un tema semejante, es notable por la claridad de sus ideas, así como por el enfoque de los principales problemas étnicos.

También en esta sesión de mesa redonda, se da lectura al trabajo que sobre Santa Anna, presenta el Dr. Leopoldo Salazar Viniegras, y la tesis del Ing. Luis Tornel Olvera, sobre “El Campo y la vida rural”.

Entre los puntos más sobresalientes del estudio del Dr. Salazar Viniegras, hay una afirmación de que Santa Anna no fué un paranoico, como generalmente se le considera. Critica también determinadas obras este extraordinario personaje que afirman su condición de paranoico y esquizofrénico, lo cual demuestra un desconocimiento del significado correcto de estos vocablos, que —según su opinión— son incompatibles.

En la polémica correspondiente, Vito Alessio Robles sustenta la tesis —que yo conocía por habérnosla expuesto el Maestro Yánez, en su brillante estudio— de que Santa Anna es sólo el representante de todos los vicios y virtudes de la sociedad de la época.

En otra intervención que anoto por parecerme brillante, aunque incompleta, el Prof. Chávez Orozco, nos afirma que Santa Anna es simplemente un demagogo. El perfecto representativo de la demagogia de los tiempos anteriores y posteriores a él. “Ni los liberales ni conservadores hallaban la clave con la cual resolver en una forma satisfactoria el ansia de las clases populares. Santa Anna, tipo perfecto del demagogo, está siempre frente al gobierno cualquiera que este sea, siendo en esta forma el que en todo momento representa una posibilidad de liberación” (Textual). Afirma finalmente que salvo el caso de la Mesilla, no es responsable en ningún momento de la pérdida del territorio nacional.

Otro de los interesantes trabajos leídos en la mesa redonda fué el del Ing. Luis Tornel Olvera, sobre el campo y la vida rural. En forma amena nos expuso entre otros puntos de notable interés los esfuerzos realizados por los gobiernos del período de 1821 a 1847, para el mejoramiento de la agricultura. Anota el Ing. Tornel, que en un plan agrícola en cuya formación intervino Don Lucas Alamán, se propusieron entre otros puntos, la introducción de camellos para estas labores. Y aunque afirmó más tarde que el plan no se llevó a vías de hecho yo le aporté un dato que pensé tuviese relación con lo referido anteriormente. Según documentos existentes en el Archivo de Santiago de Cuba, llegaron a ese puerto en forma accidental un grupo de camellos que traían rumbo a México y que por causas de las dificultades del transporte, y falta de reclamación no llegaron a su destino. Sobre estos camellos hace un interesante estudio Don Jacobo de la Pezuela, en su Diccionario Histórico Geográfico de la Isla de Cuba.

El último de los trabajos leídos fué el del Lic. Felipe Tena Ramírez, sobre La Legislación, que a causa de mi estado físico no pude oír completo.

Día 20 de septiembre 

En la mañana concurro a la mesa redonda, no obstante hallarme enfermo y padeciendo de fiebre bastante alta. Tenía extraordinario interés en oir el tema que sobre “La Vida Económica en el período 1825-47”, habría de desarrollar el Prof. Chávez Orozco. Pero confieso que salí defraudado. El ponente, rehuyendo las dificultades que las grandes síntesis presentan, toca un solo punto del problema; la minería. Y aún dentro de este marco estrecho, centraliza más el tema y lo reduce a una interrogación que plantea a la asamblea, pero que él no contesta. ¿Fue Lucas Alamán el culpable de la penetración capitalista inglesa en México?

Antes de llegar a este planteamiento, el Prof. Chávez Orozco nos describe sin aportar datos nuevos a los ya conocidos, la forma en que se arruina la industria minera mexicana, con las sucesivas guerras de insurrección, y el estado deplorable que presentan al alcanzar la independencia. No habla de las luchas entre los capitalismos inglés y francés, y de las relaciones que con determinadas compañías inglesas sostiene Don Lucas Alamán. Y por último sugiere que la gran solución al problema económico de la época estaba en la intervención de los capitales del Clero.

La polémica que sucedió al trabajo no ofreció aportes de interés. Sin tener relación ninguna con la tesis planteada por el ponente, el Sr. Avilés Solares, nos afirma que el Baron de Humboldt fué un personaje de escasos conocimientos que tomó los estudios que sobre la Nueva España habían hecho sus contemporáneos mexicanos, los firmó como suyos y los mandó a imprimir.

Arnaiz y Freg hace importantes aclaraciones y se pasa al segundo trabajo.

Esta vez, Antonio Castro Leal, desarrolla el capítulo correspondiente a la literatura. Terminado de leer su trabajo, que lo confirma como uno de los más brillantes críticos literarios de México, un joven pide la palabra, habla de Weber, Marx, la sociología, la economía, el materialismo, las grandes escuela modernas del pensamiento, y sin que nadie comprenda ni lo que dice, ni que relación tiene ello con la literatura, ocupa de nuevo su puesto orgulloso de la intervención. Nuevas opiniones, no más afortunadas, terminan la discusión del trabajo.

Finalmente el Dr. Francisco de la Maza, expone su estudio sobre las bellas artes. La reunión aunque agotada por las cuatro horas continuas de trabajo, reacciona favorablemente ante el interés que provoca la palabra brillante y amena del ponente.

Siendo el período estudiado por el Dr. de la Maza, uno de los más pobres en el arte mexicano, el tema es de difícil desarrollo. La tesis sustentada es la siguiente: el período de 1821 al 47, por las grandes conmociones políticas, así como por caer dentro de una etapa universal de mal gusto, es de escasa importancia en cuanto a producción pero de enorme interés si tenemos en cuenta que en ella se perfilan las características de los nuevos estilos que han de elevar la pintura mexicana al sitial altísimo en que hoy se encuentra.

•••

La sesión de la tarde la abre Carlos Bosch, en un estudio ampliamente discutido y que no pude oir íntegro.

Inmediatamente el padre Luis Medina Ascencio, presenta su documentado trabajo sobre “La Santa Sede y la Emancipación Mexicana”. Las ideas del Padre Ascencio eran ya casi conocidas en su totalidad por mí, por haber leido sus publicaciones sobre el tema en la Revista de Estudios Históricos, de Guadalajara. Pero no obstante seguí con interés todas sus palabras.

Aunque a gran distancia del ponente, en lo que a ideología religiosa se refiere, reconozco que su trabajo agotó las fuentes de investigación existentes, tanto en México como en Roma, donde estuvo varios años. Y que su tesis es una de las de mayor interés entre las presentadas en esa mesa redonda.

Pero el tema, eminentemente polémico, provoca de inmediato grandes discusiones, sobre todo en lo referente a la misión encomendada por el gobierno de México a Francisco Pablo Vázquez ante la Santa Sede.

Las tendencias de izquierda y derecha en el Congreso, se ponen de manifiesto atacando directamente los primeros, y defendiendo los segundos, las ideas sustentadas por el ponente.

El Sr. Avilés Solares trona contra una encíclica de León XII, posiblemente refiriéndose al Breve, “Etsi Iam Diu”, y Arnaiz y Freg realiza con su mordacidad característica brillantes intervenciones.

El último de los ponentes, es Pablo Herrera Carrillo, quien nos presenta un trabajo sobre los partidos políticos, improvisado rápidamente, y sin la consistencia que un estudio de esta índole requiere. El autor aclara que el trabajo se le encomendó a última hora y sin darle tiempo siquiera para ordenar los materiales. Pero a pesar de estas condiciones adversas, las notables facultades oratorias del ponente, hacen que el interés no se pierda un sólo instante.

Planteadas una serie de interrogaciones sobre los partidos políticos como instrumentos de penetración extranjera, se suscita la acostumbrada polémica, que Don Vito Alesio Robles aprovecha para adelantar conceptos sobre el tema que ha de desarrollar mañana.

Se cierra la sesión.

A la noche en el Teatro Juárez, tenemos representación del “El Tiempo en Sueño” obra teatral de Henry Lenormand. Pero, no asisto, prefiero estudiar y poner en orden las notas de este Diario.

Día 21 de septiembre 

Asisto desde temprano a la mesa redonda. En el primero de los trabajos presentados “Zavala; precursor de la Sociología”, son de mayor interés las aclaraciones de Arnaiz y Freg, que lo dicho por el ponente Lic. Echanove,

Después Don Vito Alesio Robles, entresaca de su definitivo estudio sobre la guerra de Texas, el capítulo relativo a la situación del ejercito en la época que se estudia. Sabiendo que el ponente es el más completo conocedor de este tema, tomo nota de sus principales conclusiones. Primeramente, nos describe el ejército de Iturbide, al que clasifica, como completamente corrompido y explotado por sus jefes, y al cual Anaya le llama, masa de hombres con armas inglesas de desecho, y con marina inútil.

Seguidamente, aborda el tema de la Guerra de Texas, sobre la cual tiene escritos dos grandes volúmenes, y nos llena de datos estadísticos en una demostración de lo que es un verdadero trabajo, en cuanto a investigación completa se refiere.

Se aceptan completamente por la Mesa Redonda, todas las conclusiones a que llega el ponente, pero no sin antes polemizar ampliamente sobre diversos puntos.

El tercero de los trabajos presentados, es el referente a la masonería, entre 1806 y 1847, y lo desarrolla Abraham Ferris Savinon. El ponente, después de explicarnos porqué tiene que retrotraer el estudio de la masonería a 1806, que es bastante anterior al período que se estudia, y de las dificultades que en su trabajo de investigación ha tenido, por la carencia de datos precisos para la exposición de la tesis. Según el Ingeniero Abraham Ferris, el centro de actividades de los masones mexicanos, estaba en la Gran Logia Central de Inglaterra: entre sus miembros más distinguidos se cuentan Miguel Dominguez, el Lic. Verdad, y el propio virrey Apodaca.

En la sesión de la tarde, última de esta mesa redonda, Don Fulgencio Vargas expone sobre la “Personalidad del Dr. Mora”. Al terminar el ponente, Arnaiz y Freg vuelve a demostrar sus profundos conocimientos históricos, superando en sus intervenciones al mismo. Después de conceptuar al Dr. Mora, como símbolo de un teólogo que pierde la fe, pero que conserva aún todo el mecanismo teológico, afirma que los primeros liberales salieron de las catedrales. Esta última frase le acarrea una larga polémica con el Lic. Cánovas y el Prof. Chávez en la que sale vencedor.

La última de las ponencias, corresponde a Alfonso Sahar Rodríguez, quien desarrolla el tema: “La filosofía entre los años 1825 y 1847”. Lo primero que sorprende del ponente es la edad: un joven de no más de veinte y dos años, nos está leyendo un estupendo trabajo, que revela a momentos una madurez totalmente extemporánea. Alfonso Sahar, responde perfectamente a la nueva generación mexicana, que por sus notables inquietudes están llevando este país a una completa superación intelectual.

Clasifica Sahar, dentro de las escuelas filosóficas, cada uno de los principales escritores del período, llegando a sentar una serie de conclusiones de verdadero interés. Como única rectificación, Arnaiz y Freg recuerda una serie de estudios sobre Kant, que aparecieron en México en el siglo XIX, y que Sahar no menciona. Y por último Chávez Orozco le hace notar la existencia de una corriente filosófica de tipo volteriana.

Ha terminado brillantemente, la última de sus sesiones la mesa redonda. Puede decirse que la casi totalidad de los trabajos presentados, mostraban en sus autores un verdadero afán de investigación, búsqueda perfecta en todas las fuentes posibles, y establecimiento de interesantísimas conclusiones, que comienzan a cambiar los que hasta ahora habían sido derroteros históricos.

A más de Congreso de Historia, yo me atrevería afirmar que fué una especie de congreso de juventud mexicana, que en todo momento brilló a la altura de los viejos maestros, cuando no los superó. La mesa redonda estuvo constantemente avivada por interesantísimas polémicas, que el maestro Yánez como secretario supo dirigir en forma magistral, lo que le valió una prolongada y merecidísima salva de aplausos al finalizar la última de las sesiones.

Día 22 de septiembre 

Asisto a la sesión plenaria, en la que se tratan los puntos referentes a la organización del próximo congreso y se someten a votación las proposiciones que cada una de las distintas mesas someten a la consideración de la asamblea. Luego una estupenda comida en la Universidad, y aprovecho el resto de la tarde y parte de la noche, en visitar la ciudad y los pequeños poblados adyacentes, que el trabajo continuo de las sesiones no me permitieron ver.

•••

NOTA 

Durante los días 23, 24 y 25 de septiembre, recorrí las principales ciudades del estado de Guanajuato: León, Salamanca, Irapuato, Yuriria Púndaro, etc. Pero como un descanso de la labor realizada en el Congreso, me dediqué sólo a admirar sus obras artísticas, no tomando una sóla nota acerca de estos viajes.

Pudiera, recurriendo a mi memoria, elaborar en las bibliotecas un supuesto Diario de actividades realizadas durante estos días, describiendo cada uno de los monumentos visitados. Pero faltaría a la sinceridad que prometí en la advertencia inicial: por ello, he preferido terminar este Diario bruscamente, en la página anterior.

México, octubre de 1945.